(o cómo hacer para que nuestro vestido natural sea espectacular)
A veces se nos olvida que la piel del cuerpo es tan importante como la del rostro y puede ser que hagas una rutina de cuidado corporal insuficiente para lo que requieres.
Por supuesto, hay que limpiarla para eliminar la suciedad, el sudor y las células muertas. El ajetreo, la contaminación y las condiciones actuales de la salud en el mundo provocan que nos tengamos que bañar todos los días. En este sentido, para que el agua caliente no deshidrate tu piel, o la queme, intenta darte baños cortos, con agua templada y usar un jabón lo menos agresivo posible. La esponja es mucho mejor cuando es de fibras naturales. Aféitate con cuidado mientras usas algún producto que permita que el rastrillo resbale.
Sécate con pequeños toques en lugar de restregar la toalla, así permites que tu piel absorba algo de humedad. Es bueno exfoliarse una vez por semana, así remueves las células muertas y permites que salga piel nueva.
Huméctate con una crema adecuada para tu tipo de piel. La crema humectante debe usarse todos los días (y, por qué no, quizá en varios momentos del día si es que lo necesitas). Si tienes partes del cuerpo que estén muy resecas, quizá debas usar una crema especial para eso.
Toma mucha agua, lleva una dieta balanceada (con muchos antioxidantes como frutos rojos) y ¡no fumes! El fumar marchita tu piel.
Por último, nunca, nunca, nunca olvides usar protector solar.